La pregunta de todos: ¿Cómo hago que mi invernadero sea rentable?

El tema de Invernaderos está en boca de todos, algunas veces con comentarios positivos y otros negativos, pero principalmente a la gente le preocupa saber si son o no negocio, si verdaderamente dejan dinero.

Para poder analizar si un invernadero es rentable, lo primero seria ubicar el sector del negocio, en el que tenemos o queremos invertir. En primer lugar, se trata de AGRICULTURA y si es ALIMENTO es un negocio de necesidad PRIMARIA.

Debemos considerar a un invernadero como un negocio de mediano a largo plazo. El sector de la Agricultura, y mas aún, contribuir a satisfacer las necesidades de Alimento de un país o del Mundo, no puede considerarse como un negocio de corto plazo o de altos rendimientos, por dicha nobleza y característica principal de satisfacer necesidades PRIMARIAS a pesar de que su retorno de inversión, pueda ser moderadamente atractivo.

Para poder analizar si mi proyecto de invernadero es rentable, necesito empezar por evaluar qué necesito o con qué cuento:

INFRAESTRUCTURA: necesito prever todas las necesidades que mi proyecto requiere como: plataforma, luz, agua, energéticos, accesos, oficinas, bodegas, malla perimetral, drenajes, etc. Algunas veces dicha infraestructura no se prevé desde un inicio, lo que provoca que en los primeros años de operación se tengan que desviar inversiones para corregir estos rubros, sin que lleguen a los resultados esperados.

INVERNADERO: sigue sucediendo que se compra un invernadero y después se decide qué se va a cultivar, lo que provoca que la rentabilidad se vea afectada, por eso siempre define primero tu cultivo y luego ves que tipo de invernadero compras. Las principales características que debes considerar son: diseño agronómico, ancho de la nave, tipo de ventilación cenital, renovaciones de aire (CO2), altura a la canal, altura del tutor, etc.


EQUIPAMIENTO: los acabados nos darán el confort que buscamos, por tal motivo, el nivel de ingeniería y tecnología que invirtamos o tengamos en nuestro invernadero, nos dará la pauta para asegurar una buena calidad de producción, así como ayudar a la rentabilidad del proyecto. Hay que es ser congruentes, con el nivel y tamaño de invernadero que adquirimos y ser prudentes en considerar el equipamiento correcto, vale la pena invertir en equipamiento con tecnología.


CULTIVO: hay que definir el cultivo, antes de comprar un invernadero, pero quizás ya tienes un invernadero y buscas cambiar de cultivo. Define primero ese cultivo y después analiza lo que tu cultivo requiere antes de comprar la semilla. Hoy existen una cantidad de semillas y variedades para todos lo climas y formas de cultivo, que te permiten disminuir los riesgos de una baja productividad por volumen o calidad obtenida a la hora de la comercialización.


FORMA DE CULTIVO: Al definir un cultivo, es muy importante considerar la forma de cultivo que se va a utilizar. Si es hidroponía, que tipo de técnica se piensa utilizar, así como el sustrato elegido, ya que la forma de cultivo puede afectar para su correcta operación y producción.



PROYECCION FINANCIERA: Para poder estimar económicamente, es necesario conocer y analizar, todos los puntos anteriores. Dichos factores nos permiten establecer el marco de plantación de nuestro invernadero, así poder estimar o proyectar en número de frutos (Kg.) y qué esperamos producir en nuestro ciclo de cultivo, según el número de plantas que sembré en el invernadero. Es muy importante hacer una estimación financiera, tan simple como quieras, pero define en relación al número de plantas que vas a meter en el invernadero, cuantos frutos/kilos esperas producir, y escríbelo para que puedas ir revisando, semana a semana, como van tus resultados en relación a lo pronosticado.


Concluyo una vez más: “NO ES LO MISMO TENER INVERNADEROS, QUE GANAR DINERO”
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6 INEFICIENCIAS EN EL INVERNADERO QUE CONSUMEN TUS GANANCIAS


Los productores están constantemente enfrentando el desafío de mejorar la eficiencia de su producción. La competencia es fuerte. El correcto manejo de cada fracción de centavo aquí puede repercutir en grandes ahorros cuando produces en volúmenes grandes. Aquí hay algunas de las ineficiencias más comunes en la producción en invernadero.

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¿Por qué fracasan los Invernaderos?

Con el fin de que las personas que no están aún involucrados en el negocio de los invernaderos conozcan la opinión de quienes actualmente están relacionadas con los mismos, a continuación se presentan comentarios de productores y técnicos vertidos en el foro de internet de la prestigiada revista Productores de Hortalizas, en su sección de El Diálogo a la pregunta ¿ Porqué fracasan los invernaderos? (http://edialogo.ning.com/forum/topics/por-que-fracasan-los).

Cabe indicar que el presentar esta sección de opiniones no pretende desanimar a los interesados en los invernaderos, sino al contrario, que se tomen en consideración los aspectos por los que están fracasando y puedan tomar las medidas necesarias para evitarlos y tener mayores probabilidades de éxito. 

En dicho foro se menciona que de acuerdo a la Asociación Mexicana de Constructores de Invernaderos A.C. (AMCI), en México ha fracasado el 50% de invernaderos impulsados por el gobierno federal y se hace la pregunta: ¿A qué se debe? ¿Usted qué opina?

A continuación se transcriben fragmentos de varios de los comentarios hechos por los visitantes a este sitio en internet, habiéndose omitido aquí sus nombres.

“Por falta de asesoramiento y que el asesoramiento sea de calidad, por ahí encontré una frase que dice... “darle un invernadero a un productor con nulos o escasos conocimientos es como darle un violín de Strauss a un gorila”.

“… Por la falta de inversión, no solo la monetaria, está la inversión de tiempo, la inversión en capacitación, la inversión en información… En mi localidad hay 5 invernaderos, uno, ya no lo trabajan, otro, cosechan menos que a cielo abierto, otros dos, han cortado su planta a mitad de cosecha, y todo debido a que no quieren invertir un poco de dinero, con el cual tendrían capacitación sobre el manejo de sus cultivos, acudir a cursos de capacitación y actualización”

“El fracaso se debe principalmente a la falta de asesoría técnica en cuanto a plagas, enfermedades y nutrición que el productor desconoce y más aún cuando es principiante, además de que carece de los elementos de cómo ejecutar la comercialización de su producto hortícola…” .. por ello es que se debe hacer un estudio de mercado muy completo antes de establecer agricultura protegida que involucre el mercado a abastecer y fechas de cosecha ” “… falta asesoría técnica con respecto a nutrición, mercado, manejo, etc., los programas están mal enfocados, crean falsas ilusiones a las personas… … muchas personas creen que con el simple hecho de tener un invernadero ya están del otro lado o que van a salir de la pobreza, nada más falso que eso, pues falta todo lo que ya se mencionó, pero también es cierto que a personas entusiastas y que tienen la experiencia y los medios para hacerlo, les ha ido bien, y sí lo creo, pues en mi trayectoria profesional he asesorado a algunos grupos de personas que con pocos medios y con un poco de suerte en relación al mercado les ha ido bien (así a secas) y han obtenido ganancias considerables, no para salir de la pobreza, pero si para ayudarse un poco en sus múltiples necesidades familiares” 

Los invernaderos fracasan por muchas razones, a continuación se enlistan algunas de éstas: 

1. Invernadero equivocado 
2 Falta de conocimiento en el manejo de invernaderos 
3 Falta de conocimiento en la comercialización 
4 Semilla o variedades equivocadas para el tipo de invernadero 
5 Sistemas de riego inadecuados 
6 Falta de capital porque si no es rentable la primera temporada el productor queda endrogado y luego lo abandona 
7 El perfil del productor no es el adecuado 
8 Falsas promesas de compañías de invernaderos por ejemplo (que darán) asesoría técnica en la producción y comercialización “… creo que el gobierno tiene que condicionar un apoyo al productor a que reciba cursos de capacitación en manejo, producción, comercialización, mantenimiento y reparación…”

“Es muy sencillo se fracasa porque la agricultura es una cultura y por lo tanto el que no esté preparado fracasa. Los constructores, el gobierno y cualquier dependencia no tienen la culpa del fracaso, lo tiene el agricultor que adquiere la infraestructura y no sabe ni lo más elemental de su operación. 

Ojalá el gobierno y las dependencias den más apoyos para adquirir más invernaderos. Se fracasa porque la mayoría de los agricultores son muy codos y no están preparados o dispuestos a gastar, se les hace mucho pagar a un asesor preparado para sacarlos adelante y mejor se la juegan solos y los resultados inmediatamente salen a flote, se fracasa. “… mi recomendación es agarrar un buen asesor pagar bien para que se ponga la camiseta y le puedan exigir y van a solucionar por lo menos el 80% de sus problemas” “Son parte de programas incompletos acompañados de falsas expectativas sobre producción, rendimiento y mercado. Falta una asesoría seria y veraz. No se trata de construir un invernadero y ya” 

“El fracaso de los invernaderos en México se debe a muchos factores, dentro de los cuales podemos destacar algunos: el poco conocimiento del manejo de los mismos por parte de los productores es uno de ellos y los dejan abandonados cuando ven que no pueden manejarlos. La falta de técnicos que asesoren a los productores es un aspecto que hay que tomar en cuenta. Me he dado cuenta que los invernaderos que se construyen no son exactamente los adecuados a los cultivos ni a las condiciones ambientales en donde se establecen…” 

“La tecnología es algo que debemos manejar con mucho cuidado, se creó para ayudarnos, pero si no la comprendemos, sucede todo lo contrario para lo que fue creada. No necesariamente lo que funciona en un lugar quiere decir que funcionará en otros.” Imaginemos que la tecnología que el agricultor utiliza es una bicicleta y de repente, de la noche a la mañana, se la cambiamos por un auto deportivo llámese Lotus, Ferrari, Lamborghini, …¿ qué creen que pasaría ?

A un “productor” le autorizan 500 m2 que al desconocer lo mínimo sobre el manejo de este tipo de infraestructuras termina utilizándolo, en el mejor de los casos, como gallinero o sombra de ganado en tanto dure el plástico porque después todos podemos observar que están abandonados. Estos tamaños no dan ni para que viva una pareja menos una familia…” “ …Se podrán pasar siempre construyendo invernaderos con superficies de 500 y 1000 m2 y la gran mayoría serán un fracaso.” “… te dicen ¿quieres un invernadero? cuando tú no sabes que es un invernadero. … te dicen que no se usa mucha agua y lo aceptas. Y gran sorpresa un invernadero de 1,500 m2 se gasta un aproximado de 6,000 litros de agua diario y si no tienes suficiente agua ¿qué pasa con ese proyecto? fracasa, 

En el estado de Oaxaca hay partes donde hay invernaderos que están parados por ese problema y también por falta de conocimientos” “ … en el caso de los mini-invernaderos esto no va a ser posible porque su atomización no permite integrar módulos con rentabilidad sustentable, salvo algunas excepciones donde se han desarrollado módulos tipo cluster (agrupación de invernaderos) con superficies que van de 5,000 y hasta 50,000 m2 con 10 a 30 dueños, donde cada uno son propietarios de una pequeña fracción..” “Todos los comentarios muy acertados……solo faltaría agregar lo siguiente: ¿cuál es el perfil del “campesino, agricultor, empresario agroempresario para otorgarle un invernadero? Es decir, tiene dinero para invertir, tiene conocimiento de los invernaderos y los más importante tiene agua en sus terrenos? Que este último es un clásico problema de la zona donde soy consultor.. NO HAY AGUA Y HAY MUCHOS MUCHISIMOS INVERNADEROS ! …” “… hay que dejar de acusar a alguien del fracaso de los invernaderos, no todos han fracasado, en lo personal produzco tomates hidropónicos en un invernadero pasivo de 711 m2. Cuando me animé a poner el invernadero fue por las “fabulosas ganancias” que tendría, resultó falso, me dijeron que produciría 6 racimos de a 1 kg c/u por 2,000 plantas x 2 ciclos = 24,000 kg a $ 10.00/kg y costo de producción de $5.00 /kg. en un año se paga , fabuloso. Desperté a la triste realidad…”

“...produzco tomates hidropónicos en mi invernadero familiar y es rentable. El fuerte viento ya me tumbó el invernadero, lo volví a poner pero reforzado interiormente , los plásticos se rompían con frecuencia , le puse flejes al techo, el agua no es apropiada para el cultivo de tomate, le pongo ácido sulfúrico y le bajo los altos bicarbonatos, que las heladas me han quemado las plantas dentro del invernadero a pesar de la calefacción, les vuelvo a poner plantitas, que la mosquita blanca le pego un virus a mis plantas y las tuve que sacar todas, y reiniciar otra vez, la familia principalmente mi esposa y yo atendemos el invernadero… estamos en el centro de Tamaulipas, con un clima extremoso, en enero se me helaron las plantas de tomate… estoy actualmente en producción. 

Lo descrito es lo que se hace cuando se tiene un invernadero, hay que dejar de quejarse y ser perseverante, fracasa el que se derrumba ante el primer soplo, invernadero significa trabajo, aprender constantemente, tomar cursos 
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En invernadero: tomate seguro y rentable

CUATRO CAMPESINOS de Marinilla se asociaron para sacarle provecho al tomate y desde hace un año trabajan en su propio invernadero. Ya van por su segunda cosecha y aseguran que bajo el plástico hay un negocio redondo.
 
Es uno de esos campesinos que no se "vara", todo lo pregunta, aprende muy fácil y se arriesga si cree que hay un buen negocio, tal como ocurrió cuando decidió cultivar tomate bajo invernadero.

El riesgo les ha dado buenos frutos a José Manuel Castaño y a sus tres colegas con quienes se asoció para hacer un préstamo, asesorarse con programas gubernamentales y montar un cultivo de cuatro mil metros cuadrados.

El crédito para el grupo fue de 60 millones de pesos, y con eso armaron dos invernaderos en Marinilla, con un precio individual de 25.000.000 de pesos.

Ambos están fraccionados en espacios de mil metros que son trabajados por los dueños.

Entre los cuatro ya sacaron las primeras cosechas y la semana pasada empezaron de nuevo con la siembra. Eligieron el tomate chonto variedad torrano porque tiene mejor mercado.

Las semillas las reparten, en hileras, cada 30 centímetros. Aunque a José Manuel en las capacitaciones le explicaron que lo hiciera cada 40 centímetros, los experimentos, dijo, le han permitido reducir el rango y aumentar la productividad.

En mil metros cuadrados siembran unas tres mil plantas, en un proceso que les cuesta en promedio 1.200.000 pesos dispuestos principalmente para abono y riego.

En adelante, cada día el cultivo recibe agua y cuando pasan dos semanas comienzan a amarrar las plantas a la parte de arriba del invernadero para mantenerlas rectas.

Un mes después deben hacer el trabajo que cumple por estos días en una de las fracciones la socia Ligia Soto Giraldo: desyerbar con la mano para luego abonar.

La experiencia que tiene Ligia en este trabajo es el tiempo del proyecto: un año. Sin embargo, contó que lo aprendió fácil y aunque lo más duro fue el calor del invernadero, ya se acostumbró: al principio perdió cinco kilos de peso.

A los dos meses abonan el lote de nuevo y dos semanas después, más o menos, empiezan a recoger tomates.

La planta dura unos cinco meses en producción y luego es reemplazada para iniciar otra vez el ciclo. Para un espacio de mil metros cuadrados todo el proceso puede costar alrededor de 4.000.000 de pesos.

En la cosecha pasada cada mata dio alrededor de 8.5 kilos del producto, pero José Manuel espera que la mayor experiencia de los socios haga que la cifra aumente.

Estiman vender cada kilo a un promedio de 850 pesos. Haciendo cuentas, en un kilo deben invertir 450 pesos y por eso si lo venden a 500 ya le están ganando.

Si todo sale como lo planeado, podría sacar de un lote de 3.000 plantas alrededor de 25.000 kilos de tomates que dejarían entre 12.000.000 y 14.000.000 de pesos.

Mejor que al aire libre
No es la primera vez que José Manuel Castaño se mete en este negocio. Antes lo cultivaba al aire libre pero ahora, opinó, ya no se puede.

El labriego contó que con la cantidad de lluvia que cae los riegos que reciben las matas se lavan sin hacer efecto y se pierda plata.

La inversión cree, está más segura en el invernadero y por eso experimenta sembrando matas de tomate cada 25 centímetros y reservó dos hileras del cultivo para probar cómo le va con el pepino. No descarta, tampoco, seguir la "caña" de alguien que le comentó que las tierras de Marinilla son buenas para el durazno.
   
Clasificación para los tomates
En la anterior cosecha José Castaño y Ligia Soto cultivaron tomate tipo cherry, de uno a tres centímetros de diámetro que se consume como pasabocas o en cocteles, pero no les fue bien con la comercialización.

Esta vez se fueron por el que creen tiene mejor mercado, el chonto, que pesa entre 70 y 220 gramos. Otras clases comunes son el milano, que se come maduro o verde en ensaladas, y el industrial, que se procesa en salsas y pastas.


1. Corpoica, la Gobernación de Antioquia y la FAO recomiendan en un manual no sembrar tomate donde se hayan cultivado especies como pimentón, berenjena, ají o uchuva.

2. También se sugiere que antes de armar el invernadero se realice un estudio para determinar si el suelo tiene la composición biológica que permita el desarrollo eficiente del cultivo.

3. El suelo debe tener, además de fertilidad, una buena capacidad de drenaje, pues con un alto nivel freático la mata está más propensa a ser atacada por enfermedades.

4. El invernadero debe estar cerca de fuentes hídricas libres de contaminantes. Se recomienda la adecuación de un pozo de reserva para las épocas de sequía y el uso de bombas.

5. El cultivo queda mejor ubicado lejos de carreteras destapadas o zonas con mucho polvo, pues la acumulación de partículas en el plástico afecta el paso de los rayos solares.

6. La zona del invernadero debe ser de topografía plana, pero si es una pendiente, ésta no debe superar el 20 por ciento. La orientación debe permitir la mayor penetración de luz.
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Cultivo protegido de jitomate mejora rentabilidad

El desarrollo de la producción del tomate a través del mejoramiento de paquetes tecnológicos e infraestructura permite elevar la productividad con las variedades actuales.

Ejemplo de lo anterior es el incremento en la rentabilidad por hectárea que se ha logrado en la producción de jitomate en México. A partir del 2000 y hasta el 2010 se ha reducido la superficie cosechada en cerca de 30 por ciento. Sin embargo, se incrementó la productividad a 56.0% a través de la implementación de tecnologías de riego y cultivos protegidos.

Es importante destacar que, con relación al 2006, se ha reducido la superficie cosechada tanto en riego como de temporal, en 29.5 y 10.0%, respectivamente. En este periodo, las superficie cultivada en invernadero elevó su productividad por hectárea 29.5%, mientas que en siembras de temporal se ha mantenido relativamente estable con un rendimiento promedio de 21.5 toneladas por hectárea.

Por su parte, los principales estados productores de tomate rojo en durante el año agrícola 2010 fueron Sinaloa, Baja California, Zacatecas, Jalisco, Michoacán y Baja California Sur, con 63.8% de la producción nacional. Resalta el hecho de que todos estos estados producen la mayor parte del tomate bajo tecnología de riego.

Con 83.6% de la superficie cosechada en el 2010, la producción de tomate en riego representó 92% del tomate nacional, como resultado de un rendimiento 122.6% superior en áreas de riego respecto de las áreas de temporal. Esta mayor productividad se relaciona con mayores inversiones para proteger los cultivos en áreas de riego, como son malla sombra e invernaderos, con lo que se logra incrementar el período productivo y por lo tanto ampliar el volumen de la cosecha.

Al respecto, resulta relevante citar el caso de la transición hacia la tecnificación que se da en la variedad de tomate rojo saladette, el cual ha tenido una reducción en las cosechas a cielo abierto de 16.5% entre el 2007 al 2010, a la vez que éstas, en invernadero, se incrementaron en 57.8%, en el mismo periodo.

En conclusión, a través de una estrategia coordinada y técnicamente supervisada, se podría lograr el mejoramiento del rendimiento de la producción de jitomate rojo en México, intervención que requeriría inversiones en tecnificación del campo. Esto permitiría conservar las características actuales del cultivo, además de transitar en un futuro hacia cosechas orgánicas que son altamente valoradas en mercados internacionales.
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Costes de producción del cultivo de tomate en sistema convencional y en producción integrada


 Introducción

El tomate para fresco constituye, sin duda, el cultivo principal en las explotaciones hortícolas asturianas bajo cubierta. Con este trabajo se ha querido conocer el coste real de producción de esta hortaliza según dos sistemas de producción: el sistema clásico o convencional y el más moderno o actual sistema de Producción Integrada, aunque éste último sólo se ha valorado en los aspectos referentes al control de plagas.
Los datos que se presentan a continuación son el resultado de un estudio realizado durante las campañas 2002 y 2003 (valores medios de ambas), en condiciones reales de cultivo en la S.A.T SUSACASA, una explotación con 7.000 m2 de invernadero en Les Cabañes (concejo de Gozón), que con más de 15 años de experiencia en el cultivo de hortalizas puede considerarse como "tipo" de las explotaciones profesionales hortícolas en Asturias.
En todos los casos, a excepción de los materiales para el control integrado, las cifras empleadas en los cálculos corresponden a cantidades efectivamente desembolsadas en su día por el agricultor, actualizadas a precios de 2002 cuando se trata de inversiones en edificaciones, instalaciones o equipos de nueva adquisición, que son todas menos los aperos para el trabajo del suelo (subsolador, grada, cultivador), en cuyo caso se ha adoptado el precio de dichos equipos a fecha de 2002. Por lo que se refiere al material para el control integrado, proporcionado por el SERIDA, se utilizó para los cálculos el coste real de dicho material.
La producción Integrada se define como los sistemas agrícolas de obtención de vegetales que utilizan al máximo los recursos y los mecanismos de producción naturales y aseguran a largo plazo una agricultura sostenible, introduciendo en ella métodos biológicos y químicos de control, y otras técnicas que compatibilicen las exigencias de la sociedad, la protección del medio ambiente y la productividad agrícola. Así como las operaciones realizadas para la manipulación, envasado, transformación y etiquetado de productos vegetales acogidos al sistema. Real Decreto 1201/2002 de 20 de Noviembre.


Instalaciones y equipos

El cultivo se llevó a cabo en invernaderos de tipo túnel o bitúnel, de 50 m de longitud por nueve m de ancho (16 en el bitúnel), con 2,1 m de altura a la barra portacultivos, provistos de cinco ventanas cenitales de apertura manual y con cubierta de polietileno térmico de cuatro años de antigüedad.
En total, durante los dos años, se recogieron datos de tres túneles o módulos en cultivo convencional y de cinco en producción integrada, cada uno de los cuales constituye la parcela elemental que se emplea como referencia.
Otras instalaciones de que dispone la explotación, también consideradas en el estudio, son una nave de bloques de hormigón de 16 x 12 m, una caseta de riego de 3 x 4 m donde se aloja el cabezal (bombas, depósitos de fertilizante y de mezcla, inyectores hidráulicos de fertilizantes, filtros y los dispositivos de automatización y control necesarios) y un aljibe con capacidad para 80 l.
El sistema de distribución del agua y abonos es mediante goteros autocompensantes de 2,4 l/h, cada 30 cm.
En el apartado de vehículos y maquinaria se incluyen un tractor de 50 CV, los aperos ya citados, atomizador de mochila, atadora para entutorado, clasificadora de tomate y furgoneta de reparto.
Para la imputación de los costes de estas instalaciones y equipos al cultivo del tomate, se aplicó una amortización lineal de su valor de adquisición durante toda la vida útil real de cada uno de ellos (superior en casi todos los casos al periodo correspondiente a su amortización contable) y teniendo en cuenta el tiempo que el cultivo ocupa el invernadero.


Datos del cultivo

La variedad de tomate empleada fue CARAMBA F1 (De Ruiter), procedente de semilla en el año 2002 e injertada sobre patrón BEAUFORT en 2003.
El tomate se transplantó entre el 26 de marzo y el 3 de abril (semillero en la última semana de febrero) y se levantó del 27 de septiembre al 3 de octubre, tras efectuar 41 43 recogidas de tomate desde el 24 de junio al 27 de septiembre.
Las densidades y marcos de plantación fueron de 1,8 pl/m2 (1,55 x 0,35) en 2002, despuntadas a siete racimos; y de 2,18 brazos/m2 (1,3 x 0,7 a dos brazos) en 2003, despuntadas a ocho racimos en el brazo principal y a siete en el otro.
Las cantidades y los tipos de abono, aportados en fertirrigación, así como los riegos (55 60 aplicados manualmente), fueron idénticos en ambos sistemas de cultivo.
Para asegurar el cuajado se aplicaron tratamientos con fitorreguladores en el sistema tradicional (a base de PROCARPIL + BASBOR en 2002 y de AGROFILAN CUAJE en 2003) durante los meses de abril a junio, y se introdujeron dos colmenas de BOMBUS por cada túnel en el sistema de control integrado, a mediados de mayo.


Protección fitosanitaria

Sistema convencional

Se aplicaron con atomizador 14 tratamientos fitosanitarios, con productos a base de Neen, Mancozeb, Procimidona, Clortalonil, Oxadisil, Diclofuanida, Cypermetrina, Abamectina, Imidacloprid, Pirifo xifen, Lambda cihalotrin, Naled, Tetratiocarbonato de Na, Pirimetanil, Etofenprox y Metil clorpirifos.
Entre las incidencias de tipo sanitario hay que destacar graves ataques de minadora a partir de mediados de junio y de mosca blanca desde mediados de julio, que llegaron a afectar hasta un 90% y 60% de las plantas, respectivamente. El problema con la minadora persistió durante todo el cultivo. En 2003 también se produjo un fuerte ataque de oruga, que alcanzó a un 40% de las plantas en el mes de junio. También se anotaron importantes ataques de Botrytis, afectando a un 50% de las plantas a partir de mayo, y de Corky root, que afectó a la totalidad de las plantas en 2002 y motivó el empleo de patrones resistentes al año siguiente.

Control integrado

Se colocaron trampas cromática de 20 x 40 cm y cuatro trampas polillero (polillero verde) por túnel con feromonas para captura de Heliothis armigera, Agrotis segetum, Plusia chalcites, y Plusia gamma.
Se efectuaron dos sueltas del depredador generalista Macrolophus caliginosus para el control de mosca blanca fundamentalmente, aunque también es efectivo para pulgón, minadora, araña y polilla; tres sueltas del parasitoide de mosca blanca Encarsia formosa y una del parasitoide Eretmocerus eremicus; y una suelta del parasitoide de la minadora del tomate Digluphus isaea. Se aplicaron, además, tres tratamientos a base de Bacillus thuringiensis, en los meses de junio y julio para el control de la oruga.
De forma general, la incidencia de plagas fue menor en los túneles dedicados al control integrado, destacando la minadora que prácticamente desaparece. En 2002 se registraron importantes ataques de oruga, que afectó a un 40% de las plantas en el mes de julio, y de mosca blanca que llegó a afectar a un 90% al final del cultivo. En el año 2003 apenas se produjeron problemas de mosca y minadora (por debajo del 15 y 10% de plantas afectadas) y también fue menor la presencia de oruga, que no afectó a más del 30% de las plantas.
No se detectaron problemas importantes producidos por hongos en los invernaderos de control integrado.
Sírfido depredando a un pulgón.
La producción Integrada se podría definir como el sistema de producción de alimentos de alta calidad que utiliza métodos "razonados" que garantizan la conservación del medio ambiente y la sostenibilidad del proceso productivo. Coincide con la Producción Ecológica en su afán de dar cabida a las exigencias de los consumidores y la protección del medio ambiente, pero difiere en su desarrollo al tratar de cubrir los objetivos productivistas exigidos por los consumidores y deseados por los productores.  
CONVENCIONALPRODUCCIÓN INTEGRADA
GASTOS FIJOScts €/Kg%cts €/Kg%
Edificaciones0,341,15
0,37
1,01
Instalaciones y equipos0,622,130,571,59
Vehículos y maquinaria1,495,131,654,55
Otros gastos fijos6,0920,966,9719,23
Total gastos fijos8,5329,379,5626,38
GASTOS CULTIVOMateriales5,8920,2612,1033,41
Mano de obra13,1345,1713,0235,93
Gastos generales1,515,201,564,29
Total gastos cultivo20,5370,6326,6873,63
TOTAL29,06100,0036,23100,00

Tabla 1.-Coste de producción de tomate según el sistema de cultivo.


Costes de producción del tomate

Las producciones medias de las dos campañas ascendieron a 12,08 kg/m2 de tomate comercial en el sistema convencional (68% de calibre G+, 20% M, 9% MM, y 3% de destrío) y a 10,8 kg/m2 de tomate en Producción Integrada (65% de calibre G+, 19% M, 12% MM, y 4% de destrío). La diferencia, a favor del sistema convencional, no resulta significativa.
En la tabla1 se recogen los costes de producción del tomate para cada uno de los sistemas de cultivo.
El coste de producción de un kg de tomate en cultivo convencional sería de algo más de 29 cts de euro, mientras en producción integrada supera los 36 cts. Ésta diferencia importante, de 7,17 céntimos de euro, se debe, por un lado, a la menor producción conseguida por el sistema de control integrado, y por otro, y fundamentalmente, al coste de los materiales empleados para este sistema de cultivo.
Porcentualmente, para cualquiera de los dos sistemas de producción, el coste más importante, por encima del 70%, corresponde a los gastos variables del cultivo de los que la mayor parte (casi la mitad en convencional) corresponden a     la mano de obra. En el gráfico 1 puede observarse cómo se desglosa esta partida.
La operación más costosa es la poda y aclareo de las plantas, seguida de la recolección. Importante también, dentro del apartado de la mano de obra, es el coste de clasificación, envasado y comercialización, que en conjunto supone de 2,3 a 2,6 cts. de euro por kg de tomate cuando, como en este caso, toda la producción se clasifica y envasa en la propia explotación, y la mayor parte de la misma se distribuye de forma directa a minoristas.
En el gráfico 1 puede observarse también el ahorro de mano de obra que se produce al reducir los tratamientos fitosanitarios en la Producción Integrada, que en todo caso no resulta muy significativo.
El segundo apartado en importancia sería el gasto en materiales. El gráfico 2 recoge cómo se distribuye este gasto.
En esta figura se aprecia la importancia de los materiales específicos empleados en producción integrada, que superan los 6 cts. de euro por kg producido, y explican la diferencia en el coste final del tomate. A este respecto es necesario aclarar que los costes de estos materiales, adquiridos en pequeñas cantidades expresamente para estos ensayos, están muy por encima de los que tendrían en el caso de un consumo importante de los mismos, como ocurre en otras comunidades autónomas donde el desarrollo de este sistema es mayor. En todo caso, como ya se ha dicho, se ha respetado el coste real de los mismos, del cual más de un 50% corresponde al transporte.
Por otro lado, estos son los primeros años de establecimiento del cultivo bajo condiciones de control integrado, lo cual quiere decir que hubo que recurrir a la aportación de fauna auxiliar en una proporción muy superior a la que presumiblemente sería necesario utilizar en una explotación en la que dicha fauna estuviese establecida.
El ahorro que se produce al reducir los tratamientos fitosanitarios estaría en torno a medio céntimo de euro por kg de tomate.
De los gastos fijos, en torno a un 20% del coste final del tomate (entre 6 y 7 cts.) corresponde al capítulo de "otros gastos fijos". De estos, el 75% (algo más de 5 cts. por kg de tomate) son las cuotas a la seguridad social de las tres personas fijas empleadas en la explotación, y el resto, en orden de importancia, serían impuestos, seguros, arrendamientos y cánones.
Trampas de feromonas para capturar la polilla (oruga) del tomate. SAT.SUSACASA. (Les Cabañes. Gozón).


Conclusiones

Como comentario final hay que destacar que el tomate en invernadero es un cultivo rentable, a los precios que estos últimos años han venido percibiendo los agricultores.
El sistema de cultivo tradicional es, a día de hoy en Asturias, el que produce el tomate a coste más bajo, y en consecuencia, el más rentable. La diferencia, aunque importante, no impide considerar la Producción Integrada como una alternativa interesante da cara al futuro, en la medida en que puedan reducirse los costes de los materiales específicos empleados (muy especialmente su transporte, aunque también el número de aplicaciones necesarias al ir asentándose la fauna auxiliar en el entorno) y que el producto final, obtenido mediante una técnica más respetuosa con el medio ambiente y que ofrece mayores garantías de seguridad al consumidor, pueda comercializarse convenientemente diferenciado y a precios algo superiores al convencional.
Gráfico1.-Coste de la mano de obra (cts €/Kg) de las distintas operaciones en el cultivo de tomate.
Gráfico 2.- Coste de los materiales (cts €/Kg) en el cultivo de tomate.
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Costes de producción del tomate según el tipo de invernadero

Las especies hortofrutícolas representan aproximadamente la mitad de la producción agrícola española. Las condiciones climáticas del área mediterránea, al ser tan favorables, permiten alcanzar altas producciones y amplios calendarios de venta, y con ello abastecer una demanda continua y fuera de estación. El incremento experimentado de la superficie de cultivo en invernadero, y la continua mejora tecnológica de las explotaciones, han sido determinantes en esta evolución. El área mediterránea concentra 135.000 hectáreas de especies hortícolas bajo plástico, de las que cerca de 50.000 hectáreas se ubican en España (FAO, 2002). La superficie protegida se ha incrementado en los últimos años, alcanzando la cifra de 70.743 hectáreas (MARM, 2009), estando el 28% de esta superficie ocupada por el tomate.
España es el principal productor europeo de hortalizas para la exportación en fresco. El tomate (Solanum lycopersicum L.) es uno de los productos agrícolas más importantes, y el quinto producto en cuanto a valor de las exportaciones (FAO, 2005-2006). En el año 2008 España exportó 957.603 toneladas de tomate, la mayoría de ellas a los países de la Unión Europea (MARM, 2009), aunque otra cifra relevante es el notable crecimiento que ha tenido el volumen de tomate importado, que si en el año 2000 sólo suponía el 1,2% respecto a nuestro volumen exportado, en 2008 esta cifra ya alcanzaba el 20%.
La mejor herramienta que tiene el agricultor para seguir siendo competitivo es invertir en tecnología hasta alcanzar el nivel que maximiza su rentabilidad. Los avances tecnológicos acontecidos en el sector hortícola han sido muchos, especialmente en los cultivos intensivos. En los invernaderos españoles se han ido introduciendo un gran número de innovaciones, y aunque es importante la superficie cubierta por el tipo más sencillo y barato, el parral plano, coexisten en la actualidad diferentes niveles tecnológicos, dependiendo de los automatismos incorporados (García-Martínez, et al., 2010). Precisamente las dos producciones hortícolas mayoritarias para su consumo en fresco, que son tomate y pimiento, proceden en su mayoría de invernaderos.
Información y metodología
En primer lugar, para la obtención de los costes de producción, se ha determinado el valor de la inversión necesaria para cuatro tipos diferentes de invernaderos. Se representan así diferentes niveles tecnológicos, con los elementos constructivos y el resto de elementos necesarios para llevar a cabo la actividad con mayor o menor intensificación. La inversión contempla: malla, estructura metálica, caseta, cabezal y material de riego, cubierta de plástico, sistema de calefacción, pantallas térmicas y balsa. Han sido valorados según datos procedentes de las casas instaladoras e información obtenida a través de los agricultores. La combinación de estos elementos se realiza en función del tipo de nivel tecnológico de invernadero, oscilando entre 79.563 €/ha en el Tipo-1 hasta los 237.942 €/ha en el Tipo-4 (cuadro I).
Los rasgos generales de estos niveles tecnológicos son:
• El Tipo-1 es un parral simple, con un tamaño medio que oscila entre los 5.000 y 6.000 m2, de estructura metálica, recubierto de malla, modalidad de cultivo en suelo y sin calefacción. 
• El segundo nivel tecnológico, el Tipo-2, es un parral mejorado (Fernández-Zamudio et al., 2006a), con 2,5 metros a la canal y de 3,5 metros en el centro; además es de estructura metálica sujeta al suelo con hormigón en los pilares centrales y recubrimiento de plástico flexible, siendo su cultivo en suelo. 
• El Tipo-3 es un parral mejorado, con las mismas características constructivas que en el caso anterior, pero donde el cultivo se realiza en sustrato, siendo predominante la fibra de coco. 
• Finalmente, el nivel más avanzado o Tipo-4 es un macrotúnel con altura de canal de 3,5 metros y alrededor de los 5 metros en el centro.

Tanto el techo como los laterales están recubiertos de plástico flexible con ventilación lateral y cenital provista de malla, siendo una modalidad de cultivo en sustrato. En este caso, y dado que la modalidad en sustrato suele ir acompañada de calefacción, se entiende que está presente en los invernaderos Tipo-4, aunque su uso en el cultivo de tomate se realiza solo en momentos puntuales de fuerte bajada de las temperaturas.
Los datos de partida para la elaboración de los costes de producción se han obtenido mediante entrevistas a agricultores de la zona productora de Mazarrón (Murcia), a propietarios de invernaderos representativos de cada nivel tecnológico y gerentes de cooperativas; la información se depuró con expertos y técnicos del sector. El modelo de costes planteado es el de costes totales, integrado por costes variables, costes fijos y los costes de oportunidad (Caballero et al., 2004).
También se han considerado las amortizaciones de los diferentes equipamientos, teniendo en cuenta las perspectivas económicas cambiantes, que obligan al empresario agrario a plantearse un horizonte temporal de entre 20 y 25 años de vida útil, según la naturaleza de los elementos, y unos valores residuales nulos. Las amortizaciones se han calculado bajo criterio de la amortización técnica y constante (Fernández-Zamudio et al., 2006b).
Tomando como condición más diferencial el que el cultivo se realice bien en suelo o bien en sustrato, los costes de producción se han calculado en función los elementos incorporados y la técnica de producción empleada (cuadro II). Las exigencias de sanidad en la planta y la seguridad en los rendimientos obligan a las desinfecciones del suelo en los dos primeros tipos. Los cuidados fitosanitarios se han de vigilar en todos los tipos. La utilización de planta injertada permite una densidad menor de plantación, pero más vigorosa. Todas las modalidades se polinizan con abejorros. La recolección tiene lugar de 70 a 90 días después de la plantación, y suele ser fraccionada con dos o más cortes por semana. El agua de riego procede de pozos y de desaladoras, con coste medio elevado (0,33 €/m3). Se dispone de balsa para las operaciones de riego y en el caso que sea cultivo en sustrato el agua se reutiliza.
En el Tipo-1 de invernadero, la variedad cultivada es Boludo injertado en Beaufor, con producciones entre 13 y 15 kg/m2. En el resto de las modalidades, la variedad cultivada es la Pitenza, con una producción de 16, 20 y 26 kg/m2, respectivamente. Solo en el Tipo-4 se utiliza la calefacción, y se hace de forma puntual.
Finalmente, además del desglose de costes, en el cuadro II se señalan los umbrales de rentabilidad expresados en euros por kilo, siendo el umbral de ganancia, el valor con el que se compensarían los costes variables y los costes fijos, mientras que con el umbral de beneficio, se compensarían todos los costes, incluidos los de oportunidad.
Resultados y conclusiones
Los costes totales, en euros por metro cuadrado de invernadero, oscilan entre 5,94 €/m2 para el Tipo-1 y 11,19 €/m2 para el Tipo-4 (cuadro II y figura 1) lo que supone una diferencia muy significativa. Por conceptos, los costes variables representan entre el 70 y 80% de los costes totales, siendo el capítulo de plantas y semillas la materia prima que más incidencia tienen. La mano de obra es otro factor de producción muy relevante, y supone alrededor del 28%.
En los costes fijos, se incluyen las diferentes amortizaciones de los equipos e instalaciones, y representan entre el 15,4% del Tipo-1 y el 22,3% del Tipo-4.
El uso del sustrato representa un salto tecnológico determinante, incrementa la producción y mejora la calidad, pero para esta modalidad de cultivo se necesita una mejora de la estructura y de los equipamientos, es decir mayores inversiones que en el cultivo en suelo.
Como elemento asociado al sustrato se encuentra la calefacción, bien sea por agua caliente u otra forma de calor, que en caso del tomate y en la zona estudiada no se utiliza de forma intensiva, aún así representa el 6% de los costes del invernadero Tipo-4.
Según aumenta el nivel de tecnología, mayores son los costes de producción totales, en una clara consecuencia del grado de intensificación del cultivo. Los valores de costes variables son los más determinantes y los que más en cuenta parece tener el agricultor. En la figura 2 se ha representado la proporción que tienen los diferentes inputs en los que han sido desglosados los costes variables, para ello se comparan los invernaderos Tipo-2 y Tipo-3. Estos dos modelos son bastante cercanos en los aspectos generales del cultivo, ya que comparten la misma variedad de tomate, la estructura del invernadero, la fecha de cultivo y ninguno de los dos hace uso de la calefacción, diferenciándose básicamente porque el Tipo-2 es en suelo y el Tipo-3 en sustrato. Comparativamente se observa que, el sustrato hace aumentar los costes de la mano de obra, especialmente en labores manuales y recolección; también es mayor el coste de las plantas respecto a la modalidad de suelo y sobre todo se incrementa el gasto en fertilizantes. En contraposición, el cultivo en suelo requiere una desinfección, gasto que no se requiere en el sustrato, y tiene mayor proporción de costes en el capítulo de "otras materias primas".
De la valoración de estos datos, y de los umbrales de rentabilidad obtenidos, se deduce que, entre los niveles tecnológicos estudiados las diferencias son escasas. El optar por una u otra tecnología dependerá, no solo de la rentabilidad unitaria de la inversión, sino de la estrategia de viabilidad que fije la explotación a medio o largo plazo, puesto que una mejor dotación técnica sí puede justificarse ante una dinámica evolución del mercado mundial, como ocurre en la actualidad. En cualquier caso, el mejor nivel técnico permite responder más eficazmente a una demanda cambiante, y por lo tanto aumentar las opciones de viabilidad de las explotaciones a medio y largo plazo.
Sin embargo, la evolución tan ascendente que están teniendo las importaciones de tomate procedente de terceros países, muchas veces con costes muy inferiores a los españoles, también nos lleva a la cautela. Las cotizaciones de las producciones no son estables y están sometidas a vaivenes muy imprevisibles, por lo que no siempre es posible competir vía precio. Así, el contexto comercial, y de mercado en el que trabaja el agricultor, llega a ser un factor muy determinante.
Por lo tanto, en la toma de decisiones para elegir un modelo de invernadero u otro, habrá que tener en cuenta también: las prácticas culturales que aseguren mejores calidades, la búsqueda de variedades y calendarios de venta diferenciados, la reconversión a producciones, que sean aceptadas por un consumidor sensibilizado con el entorno, como es la producción ecológica, etcétera, y en su conjunto éstas serán las que den la rentabilidad y la viabilidad a los distintos niveles tecnológicos estudiados.
Agradecimientos
Investigación financiada por el INIA y los Fondos FEDER (Proyecto ref. RTA 04-072).
Bibliografía
- Caballero, P., de Miguel M.D., Fernández-Zamudio, M.A. 2004. Técnicas de gestión empresarial de la producción agraria. Ed. SPUV-1440, 161pp 
- Caballero, P., Fernández-Zamudio, M.A. 2006. Valoración económica de la implantación del cultivo en sustrato. En: Cultivo sin suelo: técnicas para hortalizas en climas mediterráneos. Compendios de Horticultura, Vol. 17. Ed. Horticultura SL. Reus, Cap. 14. pp. 201-215 
- FAO, 2002. El cultivo protegido en clima mediterráneo. Estudio FAO producción y protección vegetal, Vol. 90. 335 pag. Disponible en http://www.fao.org/DOCREP /005/S8630S/S8630S00.HTM 
- FAO 2005-2006. Organización de la Naciones Unidas para la Agricultura y la alimentación. Disponible en: http://faostat.fao.org/site/339/default.aspx 
- Fernández-Zamudio M.A., Pérez A., Caballero P. (2006a). Análisis económico de la tecnología de los invernaderos mediterráneos: aplicación en al producción del pimiento. Rev. ITEA, vol. 102, nº 3, 260-277.
- Fernández-Zamudio M.A., Pérez A., Caballero P. (2006b). Costes de tecnología en los invernaderos de pimiento. Rev. Horticultura, Nº 51, 20-26. 
- García-Martínez M.C., Balasch S., Alcón F., Fernández-Zamudio M.A. (2010). Characterization of technological levels in Mediterranean horticultural greenhouses. Spanish Journal of Agricultural Research. Vol. 8(3), 509-525. 
- MARM, 2009. Anuario de estadística agroalimentaria. Disponible en: http://www.mapa.es/es/estadistica/pags/anuario/introduccion.htm#art2
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Tomate, ¿sembrar a cielo abierto o en invernadero?


Leonor Gómez está decidida a invertir un dinero en la siembra de tomate en Sutamarchán (Boyacá). Sin embargo, no sabe si hacerlo a campo abierto o en invernadero.
Sus dudas se centran en los pros y contras de cada sistema, el periodo de producción, los recursos que debe destinar, los cuidados especiales y la rentabilidad final. 
Jorge Jaramillo Noreña, ingeniero agrónomo y líder Nacional de la Red de Hortalizas de la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Corpoica), responde las inquietudes.
¿Antes de tomar la decisión de sembrar a campo abierto o en invernadero qué se debe tener en cuenta?

Es recomendable considerar las ventajas y desventajas de las dos alternativas. Por recursos y pensando en tener una explotación pequeña, es evidente que es mucho más favorable sembrar a campo abierto, pero el riesgo es mayor y las productividades son menores. Por ventajas competitivas lo mejor que puede hacer es establecer y producir bajo condiciones protegidas.
¿El tiempo de producción cambia?

Los trabajos desarrollados, a nivel de investigación, nos permiten observar que generalmente el cultivo bajo invernadero presenta mayor precocidad, ya que se mejoran las condiciones agroclimáticas óptimas para el cultivo. A campo abierto se puede acortar mucho su ciclo productivo debido a problemas de plagas, enfermedades o condiciones extremas como altas o bajas temperaturas, humedades relativas y lluvias intensas. 
En clima frío, bajo invernadero, la floración inicia alrededor de los 25-30 días, después del trasplante; la primera cosecha se da a los 90 días, también después del trasplante en promedio. Dependiendo del número de racimos que se cosechen, se puede alargar o acortar el ciclo. Un cultivo llevado a 10 racimos tiene una duración entre 6 y 7 meses. Llevado a 14-16 racimos dura entre 9 y 10 meses. A campo abierto el ciclo del cultivo se acorta a cinco meses aproximadamente.
¿Qué ventajas tiene el invernadero?

Protección contra condiciones climáticas extremas, obtención de cosechas fuera de época, mejor calidad, preservación de la estructura del suelo, siembra de materiales seleccionados, aumento considerable de la producción, ahorro en costos, disminución en la utilización de plaguicidas y aprovechamiento más eficiente del área de cultivo,
entre 
¿En cuál tengo que invertir más?

Si se quiere establecer el cultivo bajo invernadero, la inversión es mayor. En este caso, depende el tipo de estructura a construir. El metro cuadrado de un invernadero tradicional (en guadua o madera inmunizada) cuesta alrededor de 12.000 a 20.000 pesos. El invernadero con estructura metálica, en acero galvanizado oscila entre 30.000 a 34.000 pesos. Adicional se requieren otros elementos como sistemas de riego por goteo, equipos de monitoreo de temperatura y humedad relativa, entre otros. 
¿Cuál sistema demanda mayores cuidados y tiempo?

El sistema de producción bajo condiciones protegidas demanda mayor cuidado y tiempo, debido al monitoreo constante que se le debe seguir al cultivo, pero a la vez se obtienen más beneficios y rendimientos y si se aplica el concepto técnico apropiado. Además, puede rebajarse la utilización de agroinsumos. 
¿Qué debo tener en cuenta para el control de plagas?

El cultivo requiere monitoreo constante de las condiciones ambientales dentro del invernadero para un mejor control de plagas y enfermedades y del desarrollo productivo. Esta práctica se debe realizar constantemente y es factor fundamental para contrarrestar no solamente plagas sino también problemas de deficiencias o excesos de nutrientes o enfermedades. Cuando se trabaja bajo invernadero se recomienda implementar un control diferente al químico, claro que hay problemas que dependen de los agroquímicos para su control.
Y las técnicas de riego…

Cuando se hace la inversión del invernadero, lo ideal es que también pueda equiparse con un sistema de riego por goteo que permita optimizar las ventajas competitivas de este sistema. El goteo es el método más eficiente en el cultivo, en términos de productividad y calidad, con un aprovechamiento del agua entre 90 y 95 por ciento.
¿Qué es más rentable?

En cuanto al proceso de cosecha utilizado, en los dos sistemas, es lo mismo. Aquí lo que cambia es la calidad y la cantidad de producto cosechado. En invernadero se obtiene generalmente frutos de mayor tamaño, color, sabor y textura. 
En cuanto a productividad, esta depende del material sembrado, de las condiciones optimas del cultivo bajo del invernadero y del manejo agronómico. Se tienen experiencias de producciones que alcanzan hasta los 15 kilos por planta, mientas en campo abierto pueden estar entre 4-5 kilos, con alta dependencia de insumos. 
¿Cuáles son las variedades más apropiadas?

La producción de tomate bajo invernadero se basa principalmente en la siembra de variedades híbridas. Estas semillas son desarrolladas por mejoradores genéticos. Las ventajas de estas son alto vigor, buena uniformidad, alta producción y calidad, incluso, a algunas se les ha incorporado resistencia a enfermedades. 
Mejor seleccione semillas certificadas

El productor debe comprar semillas certificadas, producidas por compañías acreditadas y empacadas apropiadamente con su respectiva etiqueta donde se incluya las características del material y las condiciones de almacenamiento de la semilla. Además, que hayan sido evaluadas con relación a su rendimiento y productividad en las condiciones agroecológicas donde se va a sembrar. Es muy importante tener en cuenta las necesidades del productor, del comercializador y del consumidor, al momento de elegir un híbrido o una variedad específica, bien sea tipo chonto, milano, milano larga vida o cherry. El material para sembrar será aquel que reúna todas las exigencias, de cada agente de la cadena de producción. 
Experiencia del consultor

El experto que respondió las preguntas de este consultorio es Jorge Jaramillo Noreña es ingeniero agrónomo de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín, con una maestría en Entomología de la misma institución. Cuenta con 19 años de experiencia en trabajos con hortalizas de clima frío moderado. En la actualidad, es investigador agrícola de la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Corpoica), en el Centro de Investigación La Selva, ubicado en Rionegro, Antioquia. También se desempeña como líder Nacional de la Red de Hortalizas de dicha Corporación. 
Cuidados especiales

Estas recomendaciones son claves para obtener éxito en un cultivo bajo invernadero:
1. Iniciar el cultivo con plántulas de excelente calidad.
2. Maximizar la fotosíntesis de las plantas brindando las condiciones ideales de luminosidad, temperatura y humedad.
3. Asegurar la calidad y tamaño del fruto mediante adecuada fertilización y poda.
4. Facilitar consumo de agua.
5. Realizar periódicamente análisis físico-químicos del suelo y análisis químico del agua de riego.
6. Eliminar restos vegetales del cultivo anterior y malas hierbas.
7. Usar variedades adaptadas a las condiciones agroecológicas de la región.
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